Oncológica

Cáncer de cérvix

Este cáncer está ligado en la inmensa mayoría de los casos a una infección persistente por VPH. La generación de cáncer por este virus es un proceso lento. Con herramientas eficaces de detección precoz, podemos curarlo mucho antes de que se convierta en un problema grave.

Ilustración anatómica de la silueta femenina con el útero, las trompas y los ovarios; el cuello uterino (cérvix) aparece resaltado con una pequeña lesión tumoral

¿Qué es?

El cáncer de cérvix aparece en el cuello uterino, la parte más baja del útero que se asoma a la parte superior de la vagina. En la inmensa mayoría de los casos su origen está relacionado con una infección persistente por el virus del papiloma humano (VPH). La mayoría de las mujeres que se infectan eliminan el virus de forma natural en uno o dos años; solo cuando la infección se mantiene mucho tiempo puede provocar, con los años, cambios celulares que acaban convirtiéndose en cáncer.

Este proceso suele ser lento y se desarrolla a lo largo de varios años, y existen herramientas eficaces de detección precoz (citología y prueba de VPH). Cuanto antes se detecta, más sencillo y menos invasivo suele ser el tratamiento.

Síntomas principales

  • Sangrado vaginal fuera de las fechas de la regla, o tras las relaciones sexuales.
  • Flujo vaginal anómalo, persistente o con mal olor.
  • Reglas más abundantes o prolongadas de lo habitual.
  • En fases avanzadas, dolor pélvico, molestias al orinar o hinchazón en las piernas.

En fases iniciales, con frecuencia no da ningún síntoma — de ahí la importancia de las revisiones ginecológicas periódicas.

¿Cómo se diagnostica?

Citología (Papanicolaou) y prueba de VPH son los primeros pasos. Si algo resulta sospechoso, se realiza una colposcopia (examen con aumento del cuello uterino) y, durante ella, una biopsia — es esta última, y no la citología, la que confirma el diagnóstico con certeza.

Confirmado el diagnóstico, se realizan pruebas adicionales (resonancia magnética o TAC) para la estadificación: clasificar el cáncer según su extensión, clave para decidir el tratamiento.

Tratamiento

El tratamiento se decide siempre de forma individualizada. En fases muy iniciales (microinvasión), una conización —extirpación de una pequeña porción del cuello uterino en forma de cono— puede ser suficiente, especialmente si se desea conservar la fertilidad.

Cuando el tumor está algo más avanzado pero sigue localizado, el tratamiento estándar suele ser la histerectomía radical: extirpación del útero junto con el tejido próximo al cuello uterino y, en general, los ganglios linfáticos de la pelvis. Según el caso, puede realizarse por laparoscopia, cirugía robótica o cirugía abierta. En estadios más avanzados, el tratamiento de referencia pasa a ser la combinación de radioterapia y quimioterapia, sin cirugía asociada.

Radioterapia y quimioterapia

Se combinan con frecuencia, porque la quimioterapia potencia el efecto de la radioterapia. Se emplean como tratamiento adyuvante tras la cirugía cuando el análisis de la pieza revela factores de riesgo, y como tratamiento principal en los estadios más avanzados. La necesidad y combinación de cada uno se valora de forma individual en comité especializado.

Fuente: MedlinePlus (NIH), American Cancer Society. Este contenido es informativo y no sustituye la consulta con tu médico.

Después de la cirugía

Timeline de recuperación — Cáncer de cérvix

Día 0–1
Cirugía por mínima invasión (laparoscopia o cirugía robótica). En la mayoría de los casos, el alta hospitalaria se produce al día siguiente.
Semana 1–2
Reposo relativo en casa. Las molestias leves ceden de forma progresiva.
Semana 2–4
Revisión en consulta y resultado del análisis de la pieza, que confirma el estadio definitivo y orienta si es necesario algún tratamiento adicional.
Seguimiento
Revisiones periódicas programadas a largo plazo.

Preguntas frecuentes

Preguntas frecuentes — Cáncer de cérvix

No, ni mucho menos. La mayoría de las mujeres entran en contacto con el VPH en algún momento y el cuerpo lo elimina solo en uno o dos años, sin dejar rastro. Solo una minoría de infecciones persisten mucho tiempo, y únicamente algunas de ellas pueden, con los años, producir cambios que deriven en cáncer. Por eso las revisiones periódicas son tan importantes: detectan y tratan esos cambios mucho antes de que sean un problema.

Conviene consultar siempre ante un sangrado fuera de lo normal: entre reglas, después de las relaciones sexuales o, sobre todo, después de la menopausia. También un flujo persistente o con mal olor. La mayoría de las veces la causa es benigna, pero merece una valoración para descartar otras posibilidades con tranquilidad.

Depende de tu historia concreta —resultados previos, tratamientos, estado del VPH—, así que el intervalo lo marcamos de forma individual. Si has tenido lesiones o tratamientos en el cuello del útero, el seguimiento suele ser más estrecho durante un tiempo. Lo importante es no saltarse las revisiones que te indiquemos.

En muchos casos iniciales, sí. Cuando el tumor es muy pequeño y está localizado, una conización —extirpar solo una pequeña porción del cuello uterino— puede ser suficiente y permite conservar el útero. La posibilidad depende del tamaño y el tipo del tumor; lo valoramos contigo antes de decidir nada.